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lunes, 6 de diciembre de 2010

Un mundo de película I

El otro día, unos amigos me recomendaron que viera unas películas que, según ellos, me iban a gustar mucho, ya que todas tenían algo que ver con el tema de la inmigración.

Aprovechando este puente tan largo que tenemos en la Universidad (¡¡5 días!!), he decidido dedicar mi tiempo libre a verlas y hacer un pequeño comentario de cada una de ellas.

"IN THIS WORLD"


Dirección: Michael Winterbottom.
País: Reino Unido.
Año: 2002.
Duración: 88 min.
Reparto: Jamal Udin Torabi, Enayatullah, Imran Paracha, Hiddayatullah, Jamau, Hossain Baghaeian, Yaaghoob Nosraj, Ghodrat Poor, Nabil Elouahabi, Kerem Atabeyoglu, Erham Sekizcan..
Guión: Tony Grisoni.
Producción: Andrew Eaton y Anita Overland.
Música: Dario Marianelli.
Fotografía: Marcel Zyskind.
Montaje: Peter Christelis.


"In this world" cuenta la historia de dos jóvenes afganos que viven en un campo de refugiados de Peshawan (Pakistán), debido a los bombardeos americanos que se produjeron en 2001 en Afganistán.

Estos dos jóvenes sueñan con ir a vivir al Reino Unido, por lo que deciden emprender un largo viaje, atravesando países como Irak o Turquía en busca de un futuro mejor.

La película me parece muy interesante, ya que se puede observar cuáles son las dificultades que se pueden encontrar determinadas personas en su intento de buscar una vida mejor, debido a haber nacido en un país o unas circunstancias que nadie querría para sí mismo.

Esta película hacer darse cuenta de lo afortunadas que son muchas personas que, al contrario que yo, no se han visto obligadas a emigrar, y que tienen unas condiciones de vida que muchos quisiéramos.

Es una película muy recomendable, en la que se muestra la ilusión y la esperanza de unos jóvenes en su búsqueda del "paraíso", un paraíso que raras veces se encuentra.

¿Qué os parece esta película?


jueves, 4 de noviembre de 2010

Noticias familiares

Hace unos días le escribí una carta a mi familia en Cochabamba, como les prometí antes de partir, para contarles cómo transcurre mi vida acá en España y los problemas que pueda tener.
Les conté cómo había encontrado el albergue el día de mi llegada, lo difícil que me resulta la Universidad y entender a los profesores, mi fortuna al encontrar el piso de estudiantes y el trabajo en el bar el mismo día...

Y hoy, por fin, ¡QUÉ ILUSIÓN! Al volver de las clases a casa, mis compañeros de piso me han dado una carta, que enseguida imaginé de quién sería.

En la carta, mi familia me decía que se encontraban bien, que la última cosecha había sido muy abundante y habían podido comprar suficientes alimentos y ropa para prepararse ante el duro invierno.

También me decían que se sentían muy orgullosos de mí, muy contentos porque saben que no estoy desaprovechando la oportunidad que me ha dado la vida y felices porque saben que estoy consiguiendo mis objetivos.

Además, me han transmitido ánimos para que no me rinda, para que resuelva con éxito todas las dificultades con las que me encuentre.

¡Cuánto les añoro en estos momentos! ¡Cómo me gustaría que pudieran estar acá, conmigo, viendo lo que soy capaz de conseguir gracias a su sacrificio!

Por mí, pero sobretodo, por ellos, debo esforzarme y alcanzar esta meta por la que tanto han luchado ellos y por la que ahora estoy luchando yo.
¿Cómo os sentiríais vosotros en mi situación?

jueves, 14 de octubre de 2010

Una de cal...


Hoy ha sido una jornada llena de alegrías para mí. Me desperté con la noticia de que desde esa misma mañana, ya estaba lista mi Tarjeta de Identidad de Extranjero y que podía ir a recogerla a la Oficina de Extranjería cuando quisiera. Una maraña de sensaciones encontradas recorrió mi cuerpo; me sentía contento y alegre porque por fin podría buscar un trabajo de una forma legal, aunque también me invadieron los nervios y el miedo ante el gran reto que estaba por venir.

Necesitaba encontrar un trabajo lo antes posible: la plata se me estaba agotando tras casi tres semanas en España y, además, tenía que buscar un lugar más económico donde dormir, ya que cada vez suponía mas sacrificio pagar las noches en el albergue.

Tras recoger la tarjeta que me identificaba como inmigrante, me dispuse a buscar un trabajo con el que ganar la plata necesaria para costearme mi vida. Aún no me explico la suerte que tuve al encontrar aquel trabajo.
Caminando por las calles de Madrid, pensando en dónde buscar empleo, crucé por delante de la cristalera de un bar-restaurante, en la zona de Diego de León, en la que había un cartel en el que se podía leer: SE NECESITA CAMARERO, CON O SIN EXPERIENCIA. Sin dudar un instante, entré en el establecimiento y me sorprendí al comprobar que la dueña, al igual que yo, también era sudamericana. Pensé que eso me facilitaría las cosas y le pregunté por el empleo. Ella comprendió mi historia y no dudó en contratarme, con jornada partida, de 9 de la mañana a 2 de la tarde, facilitándome así el poder acudir a las clases. Es imposible describir con palabras la sensación de gratitud que recorrió mi cuerpo en ese momento, más aún cuando pensé que con los 600 € que me pagaría al mes, tendría suficiente para sobrevivir en España.

Al finalizar el día, cuando volví de las clases en la Universidad, vi pegado en una farola un cartel en el que se anunciaba que se alquilaba habitación, con un precio muy económico (200 €), en la zona de Moncloa.
Así que, antes de que anocheciera, acudí al piso en el que ofertaba la habitación. Resultó ser un piso de estudiantes, cuatro, que tenía dos habitaciones ya ocupadas y querían alquilar la tercera para suavizar el precio de alquiler. Terminaron aceptándome, a pesar de que uno de ellos no se mostró muy convencido con la idea. Sin embargo, el cúmulo de alegrías que se produjeron a lo largo de la jornada, hizo que no me importara su desdén y me apresuré a recoger mis cosas del albergue para mudarme a aquel piso, con la esperanza de que esta racha de buena suerte no terminara nunca.
¿Creéis que mi condición de inmigrante será un obstáculo
en mi relación con mis compañeros de piso?

miércoles, 29 de septiembre de 2010

El primer día

Al fin llegó. El primer día de Universidad. Tras más de quince horas de vuelo, otra hora de viaje en Taxi y una cuanta plata menos en mi bolsillo, llegué a las escaleras de la Facultad de Medicina en la Universidad Complutense de Madrid.

Eran las tres y diez de la tarde, todavía quedaban veinte minutos para la primera clase, y decidí dar una vuelta por la facultad para familiarizarme con ella. Me fijaba en mis futuros compañeros de carrera y notaba cómo muchos de ellos ya se conocían de antes, algunos recién comenzaban en ese momento su amistad, y otros, al igual que yo, se encontraban solos, bien apoyados en una pared, bien sentados en las escaleras. Yo soy un chavo muy tímido, por ello no me acerqué a nadie en ese momento, sino que decidí esperar el inicio de la clase solo, al igual que hacían otros.

Tras las tres horas de clase, comencé a pensar en dónde pasaría la noche de acá en adelante. Tuve la suerte de que se sentó a mi lado un chiquito, Carlos, con el que comencé a hablar y le conté mi situación. Me dijo que había en la facultad un aula de informática desde la que podríamos buscar un sitio donde hospedarme unos días. Se ofreció a acompañarme y, gracias a él, encontré un albergue de estudiantes cerca de la Universidad. Se llama Albergue Juvenil San Fermín. Está en Usera. Tiene un precio bastante económico, lo que me permitirá pasar varias noches allí mientras busco trabajo y otro lugar mejor.

También le pedí a Carlos que me buscara en Internet cómo ir en Metro hasta allí, ya que en mi pueblecito no estamos familiarizados con los medios de transportes.

Tras conseguir la información y agradecerle a Carlos su ayuda, me despedí de él, contento de haber conocido a alguien que parece que me comprende y preparado ante el gran reto que asomaba por el horizonte.

Espero alcanzar mi objetivo de ser enfermero y no defraudar a tantas personas que han confiado en mí: a mis papás, a mis abuelitos y, sobre todo, a mí mismo.

¿Creéis que tendré menos oportunidades por ser extranjero?