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jueves, 4 de noviembre de 2010

Noticias familiares

Hace unos días le escribí una carta a mi familia en Cochabamba, como les prometí antes de partir, para contarles cómo transcurre mi vida acá en España y los problemas que pueda tener.
Les conté cómo había encontrado el albergue el día de mi llegada, lo difícil que me resulta la Universidad y entender a los profesores, mi fortuna al encontrar el piso de estudiantes y el trabajo en el bar el mismo día...

Y hoy, por fin, ¡QUÉ ILUSIÓN! Al volver de las clases a casa, mis compañeros de piso me han dado una carta, que enseguida imaginé de quién sería.

En la carta, mi familia me decía que se encontraban bien, que la última cosecha había sido muy abundante y habían podido comprar suficientes alimentos y ropa para prepararse ante el duro invierno.

También me decían que se sentían muy orgullosos de mí, muy contentos porque saben que no estoy desaprovechando la oportunidad que me ha dado la vida y felices porque saben que estoy consiguiendo mis objetivos.

Además, me han transmitido ánimos para que no me rinda, para que resuelva con éxito todas las dificultades con las que me encuentre.

¡Cuánto les añoro en estos momentos! ¡Cómo me gustaría que pudieran estar acá, conmigo, viendo lo que soy capaz de conseguir gracias a su sacrificio!

Por mí, pero sobretodo, por ellos, debo esforzarme y alcanzar esta meta por la que tanto han luchado ellos y por la que ahora estoy luchando yo.
¿Cómo os sentiríais vosotros en mi situación?

domingo, 31 de octubre de 2010

Creando felicidad

Acá sigo contándoos mis experiencias por Madrid. Habréis observado que esta semana he escrito varias entradas en el blog, a pesar del trabajo, las clases y el estudio.

También habréis notado que estas últimas entradas han sido textos más personales, más subjetivos, más emotivos. Su fin es que me conozcáis mejor, mi forma de ser, mi carácter, mi personalidad...
Este blog se ha convertido en una vía de escape para mis problemas, una forma de desahogarme, un lugar donde plasmar mis sentimientos y pensamientos.

Siguiendo esta línea de posts reflexivos, os voy a comentar una situación que me ha ocurrido hoy.

Aprovechando que era domingo y a pesar de la lluvia, decidí dar una vuelta por el centro de Madrid para conocerlo un poco mejor.

Mientras caminaba por la Gran Vía, en dirección a la Puerta del Sol (quería ver aquel reloj tan famoso en todo el mundo), oí una conversación entre dos señoras que iban al lado mío.

Una de las señoras se quejaba de su vida, de que nunca le había pasado nada bueno. Yo quiero ser feliz, decía, intento encontrar esa felicidad, pero nadie pone de su parte, no me lo facilitan.

Yo pasé de largo. Sin embargo, durante toda la tarde estuve pensando en esa frase.
Todo el mundo quiere ser feliz. Nadie quiere estar triste. Pero, ¿cuántas veces a lo largo del día nos proponemos realmente alcanzar la felicidad? ¿Cuántas veces nuestra vida no es sino un mero deambular por nuestras rutinas, sin ninguna alegría en lo que hacemos?

Recordando la frase de un ilustre personaje, "algunos persiguen la felicidad, otros la crean", pienso que la felicidad no se encuentra en ningún lugar. La felicidad la crea uno mismo, contagiándola a su alrededor, porque no hay persona más feliz que la que hace felices a los demás.

¿Y vosotros, perseguís o creáis la felicidad?

jueves, 14 de octubre de 2010

Una de cal...


Hoy ha sido una jornada llena de alegrías para mí. Me desperté con la noticia de que desde esa misma mañana, ya estaba lista mi Tarjeta de Identidad de Extranjero y que podía ir a recogerla a la Oficina de Extranjería cuando quisiera. Una maraña de sensaciones encontradas recorrió mi cuerpo; me sentía contento y alegre porque por fin podría buscar un trabajo de una forma legal, aunque también me invadieron los nervios y el miedo ante el gran reto que estaba por venir.

Necesitaba encontrar un trabajo lo antes posible: la plata se me estaba agotando tras casi tres semanas en España y, además, tenía que buscar un lugar más económico donde dormir, ya que cada vez suponía mas sacrificio pagar las noches en el albergue.

Tras recoger la tarjeta que me identificaba como inmigrante, me dispuse a buscar un trabajo con el que ganar la plata necesaria para costearme mi vida. Aún no me explico la suerte que tuve al encontrar aquel trabajo.
Caminando por las calles de Madrid, pensando en dónde buscar empleo, crucé por delante de la cristalera de un bar-restaurante, en la zona de Diego de León, en la que había un cartel en el que se podía leer: SE NECESITA CAMARERO, CON O SIN EXPERIENCIA. Sin dudar un instante, entré en el establecimiento y me sorprendí al comprobar que la dueña, al igual que yo, también era sudamericana. Pensé que eso me facilitaría las cosas y le pregunté por el empleo. Ella comprendió mi historia y no dudó en contratarme, con jornada partida, de 9 de la mañana a 2 de la tarde, facilitándome así el poder acudir a las clases. Es imposible describir con palabras la sensación de gratitud que recorrió mi cuerpo en ese momento, más aún cuando pensé que con los 600 € que me pagaría al mes, tendría suficiente para sobrevivir en España.

Al finalizar el día, cuando volví de las clases en la Universidad, vi pegado en una farola un cartel en el que se anunciaba que se alquilaba habitación, con un precio muy económico (200 €), en la zona de Moncloa.
Así que, antes de que anocheciera, acudí al piso en el que ofertaba la habitación. Resultó ser un piso de estudiantes, cuatro, que tenía dos habitaciones ya ocupadas y querían alquilar la tercera para suavizar el precio de alquiler. Terminaron aceptándome, a pesar de que uno de ellos no se mostró muy convencido con la idea. Sin embargo, el cúmulo de alegrías que se produjeron a lo largo de la jornada, hizo que no me importara su desdén y me apresuré a recoger mis cosas del albergue para mudarme a aquel piso, con la esperanza de que esta racha de buena suerte no terminara nunca.
¿Creéis que mi condición de inmigrante será un obstáculo
en mi relación con mis compañeros de piso?